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26 març 2017,
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A finales del año pasado, hablando con un amigo con importantes responsabilidades dentro de una empresa, escuche la siguiente afirmación: … ‘mira Xavi, la verdad es que lo que tú haces yo lo respeto mucho pero…, la verdad, en muchas ocasiones la formación no sirve para nada…’

Impactado y después de sentirme un tanto incómodo con la afirmación le pregunte a qué se debía esa
percepción. Mi amigo me hablo de su experiencia en empresas dónde de repente aparecía un correo electrónico que te convocaba unilateralmente a una Formación trastornando su planificación; de formaciones dónde el Formador y los contenidos que transmitía tenían buenas intenciones pero que, desafortunadamente, en nada se parecían a lo que se vivía más allá de las paredes del aula.

Esta conversación me hizo reflexionar acerca de las muchas ocasiones en las que en mis diez años de
experiencia como transFormador he salido de un curso con la percepción que más allá del interés personal que había despertado el curso, éste estaba pensado más para optimizar la bonificación de la Fundación tripartita que en destinar ese tiempo al desarrollo y motivación de los profesionales que habían asistido al curso.

Y si… visto así, entendí el sentimiento de mi amigo. La Formación era en ocasiones cómo una gota que se diluye en el mar.

Para evitar la situación anterior proponemos que la Formación de una organización moderna respete tres principios: M.A.R.

M de Memorable: La Formación debe estar diseñada para llegar a un objetivo a través de la diversión. Los participantes deberían ser capaces de recordarla toda la vida a través de experiencias disruptivas que funcionen como un catalizador de emociones. La emoción será la forma a través de la cuál generemos la inmersión activa de los participantes a través de juegos, simulaciones, películas, role-playings que nos hagan reflexionar sobre el objetivo y el contenido dela formación.

A de Activadora: Las experiencias que vivimos en el transcurso de la formación deben llevarnos a activar
nuevos hábitos y entrenar nuevas habilidades que transformen la manera en que enfocamos el conflicto, la tensión o el cambio que afronta la empresa y que queremos resolver.
Las personas sustentamos nuestra conducta en base a las creencias que tenemos previamente estipuladas como resultado de nuestra experiencia vital. ¿Cómo sustituir creencias? Lo haremos si la nueva creencia que creamos mejora a la antigua ya que reporta mayores beneficios al interés personal y colectivo. La clave de la formación será conectar a las personas con las nuevas creencias y transformar la manera en que un individuo o un colectivo enfoca su vida profesional.

R de Relevante: La Formación debe estar encuadrada dentro del paraguas de la estrategia corporativa. Un proyecto de consultoría / formación debe ser un relato con un desenlace que mejore las condiciones objetivas y emocionales de los participante para afrontar el reto, el cambio o el destino hacia el que se dirige la organización.

En ese sentido, la relevancia de la formación dependerá de que seamos capaces de detectar dos elementos de manera coordinada con el cliente.
En primer lugar los conflictos, tensiones o necesidades que tiene en el presente y, en segundo lugar, y más importante, identificar hacia dónde debe dirigirse la organización en el futuro.

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